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Penyeta Roja a vista de pájaro

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“Penyeta Roja es, sin duda, la afortunada isla urbana que contempla, desde su privilegiada posición, el transcurso del tiempo y los azares del lecho en el que nació su hijo” (o la maravilla de vivir en Penyeta Roja) 

Lugares donde vivir en Castellón

Penyeta Roja: Algo más que una zona residencial

Alrededor de la capital de La Plana se han ido conformando diversos núcleos de población, unos más agrupados y otros más diseminados, que ofrecen atractivos para todos los gustos y pareceres.  Si tuviera varias vidas….una la viviría en Penyeta Roja 

La Marjalería:

Esta gran extensión entre Castellón y el mar protagoniza el este, tanto en superficie como en número de construcciones, siendo su orografía prácticamente llana.

Entre el kilométrico entramado de carrerasas, traveseras, caminos y entradores, muchas originarias construcciones agrícolas han ido dejando paso a un significativo número de viviendas de uso residencial.

Algunas han venido siendo destino en períodos vacacionales o fines de semana, pero cada vez, con más frecuencia, se van convirtiendo en primera residencia.

Y es que parece que esta época de pandemia ha influido en los usos y gustos de muchos habitantes de Castellón.

Con el aumento del teletrabajo -que ha llegado para quedarse-  y la necesidad de aire libre más allá del balcón o la terraza en el caso de los más afortunados, muchos castelloneros han ido albergando de manera creciente la posibilidad de comprar, e incluso vender o cambiar su piso en Castellón para trasladarse a una vivienda con espacio suficiente que mitigue el confinamiento y permita el esparcimiento, sobre todo, para los más pequeños de la familia.

 La Benadresa:

Otra zona importante en extensión es la partida de la Benadresa, que abarca el oeste en casi, si no toda, la longitud del núcleo urbano de Castellón.

La Benadresa está configurada, debido a su peculiaridad orográfica, en diferentes núcleos poblacionales.

El asentamiento residencial que toma el nombre original de la partida queda localizado al sur, bien comunicado, y con buena fama por la calidad de los almuerzos que ofrecen tanto el Bar Cazadores -probad su rabo de toro -,  o la sepia con alcachofas y bacalao de Casa Ana

En la parte central y disfrutando del privilegiado horizonte que la vista abarca desde la mayor altitud de las faldas de la montaña de Penyeta Roja se aloja su núcleo residencial.

Penyeta Roja goza de cierta relevancia gracias al Centro de Perfeccionamiento Técnico-Deportiva y la amplitud, originalidad y belleza de muchas de sus casas. En ocasiones auténticas mansiones que poco o nada tienen que envidiar a las de otras zonas de la provincia con más renombre residencial.

La leyenda de Tombatossals

Cuenta la lírica que de tanto mirarse, las montañas Penyeta Roja y Tossal Gross se enamoraron.

Como no tenían hijos, Tossal Gross le pidió ayuda a Bufanúvols, quien, desatando una gran tormenta de viento, rayos y truenos, consiguió que se desprendieran grandes piedras de ambas montañas. Al día siguiente y cesada la tormenta, bajo los rayos del sol del amanecer, de entre el montón de piedras desprendido surgió el fruto del amor de ambas montañas: el gigante Tombatossals.

Hablar sobre Tombatossals daría para largo y tendido dada su relevancia en la mitología de esta bella tierra.  Para profundizar y disfrutar de un rato divertido en compañía de su familia, os invito a ver la película “Gegants, la Llegenda de Tombatossals” a

Vivir en Penyeta Roja

Tomando café desde su terraza mientras refrescamos pedacitos de la mitología de Castellón, un amigo que vive allí me cuenta que en los días más despejados, las Columbretes se asoman a saludarle desde más allá de la costa.

Según él, la visión refuerza el hecho de que también las islas están conectadas con la madre Penyeta Roja a través de su hijo Tombatossal, que las conquistó cuando fue enamorado en busca de su sirena.

Mientras mi amigo me enseña fotografías de amaneceres sobre el mar tomadas con el móvil desde su terraza, la imaginación me traslada a una nueva vida donde disfruto de la paz que se respira en la montaña.

La ensoñación culmina en una tranquila noche de verano en aquella terraza, con buena charla y buen licor. El ambiente inundado por el aroma del azahar, que asciende desde los huertos de naranjos para perfumar a la montaña Penyeta Roja como mujer y madre, y deleitar a los afortunados residentes de la zona.

Yo también quiero vivir en Penyeta Roja

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